Una de las
cuestiones básicas de la gnoseología platónica es la teoría de la anamnesis o
de la reminiscencia. Ante el planteamiento sobre la posibilidad del
conocimiento o de la adquisición de los conceptos generales, sostiene el
filósofo que el concepto no nace de la experiencia sensible, sino que el alma
recuerda las cosas en su existencia ultraterrena antes de reencarnarse. Vemos
aquí la influencia del pitagorismo en la filosofía platónica. Sabemos que
Platón tuvo contacto con Arquitas de Tarento, quien fue un notable
representante de la escuela pitagórica. También podríamos mencionar que el
Timeo de Platón contiene bastante influencia pitagórica.
A
continuación, una cita del Menón:
“Dicen que el alma humana es inmortal: En un determinado momento abandona la vida, que es lo que llama morir, y en otro momento vuelve a renacer, pero que nunca se somete a aniquilación… y así, dado que el alma es inmortal y ha nacido varias veces ha contemplado todas las cosas que hay (tanto aquí como en el Hades) y no hay nada que no haya aprendido. No es nada extraño, pues que posea la capacidad de recordar todo lo que aprendió con anterioridad sobre la virtud y sobre lo demás. Toda la naturaleza es afín. El alma lo ha aprendido todo: No hay razón pues, para que al recordar una sola cosa – habiéndola aprendido, según dicen los demás hombres – no sea capaz de encontrar cualquier otra cosa, con tal de que la búsqueda se lleve a cabo de manera decidida y pugnaz. La investigación y el aprendizaje no son más que recuerdo.”
También el
Fedón trata en una parte sobre la reminiscencia, donde encontramos este
fragmento:
“Si, por lo tanto, es verdad que nosotros, adquirido este conocimiento antes de nacer, lo hemos llevado con nosotros naciendo, querrá decir que antes de nacer y apenas nacidos conocíamos ya no sólo lo igual y, por tanto, lo mayor y lo menor, sino también todas las otras ideas; porque ahora no estamos razonando sólo acerca de lo igual, sino que también de lo bello en sí, de lo bueno en sí, de lo justo en sí y de lo virtuoso y, en definitiva, como decía, de todo aquello a lo que, en nuestro disputar, ya sea interrogando o sea respondiendo, ponemos este sello, que es en sí. De donde resulta necesariamente que, antes de nacer, debemos haber tenido conocimiento de todas estas ideas.”
