Una vez que el lector haya leído el capítulo VII de la República, trascendental en la historia de la filosofía, podríamos analizar las principales ideas que subyacen al relato.
La caverna, en primer lugar, representa al mundo, este mundo. Los esclavos que allí están encadenados somos nosotros. Las cadenas son la ignorancia y las pasiones serviles. Las imágenes que se proyectan en la caverna son las percepciones de nuestros sentidos. Lo que le ocurre al esclavo fuera de la caverna es lo que le ocurre al filósofo cuando busca la verdad. El mundo de fuera es el mundo de las ideas inteligibles. El sol que ilumina ese mundo es la idea del Bien Supremo, que guía al conocimiento de la verdad. El retorno del esclavo a la caverna es el deber que siente todo filósofo de compartir con la sociedad el fruto de la sabiduría. Su incapacidad de adaptación a la oscura caverna es el destino del filósofo en este mundo. La burla de los demás esclavos es lo que le espera al sabio, y su recompensa por decir la verdad es el desprecio, y a veces, la muerte.