Más
concretamente la metempsicosis, es una doctrina que Platón expresa tanto en el
Fedón como en La República, que hace referencia a la transmigración de las
almas. Muchos pueblos de la tierra creían, y aún creen en la reencarnación. Es
una creencia que comparte tanto el hinduismo como el budismo. En la antigua
Grecia, vemos que la primera manifestación de esta doctrina es expresada por el
culto órfico, y posteriormente, por Pitágoras y su escuela.
En el
orfismo se sostiene la tesis de que todo individuo posee un alma (fuente de
vida), cuya característica es la de la inmortalidad. Esta alma es anterior al
nacimiento y es perdurable más allá de la muerte. Posteriormente, existiría un
debate sobre si el alma es una sustancia material o espiritual, si es algo
diferente en cada individuo, o si es más bien una especie de aliento compartido
entre todas las criaturas. Cada una de estas posturas tendría sus propios
adeptos.
Platón
absorbería esta creencia (la de la metempsicosis) probablemente de sus
contactos con la escuela pitagórica. Esta creencia le permitiría sostener que
el origen del conocimiento es una pura reminiscencia de vidas anteriores y de
las visiones del alma en el hiperuranio. También serviría para dar sustento a
sus nociones de justicia y castigo ultraterreno expuestos en la República.
En el Fedón,
dice lo siguiente:
“Consideremos, pues, si las almas de los muertos existen en el Hades o no. Recordamos el antiguo relato: Las almas van de este mundo allá, luego regresan de nuevo acá, volviendo a nacer de los muertos. Y si ello es realmente cierto, si de los muertos renacen los vivos, entonces nuestras almas existirían allí, ¿o no? Nada puede volver a nacer a partir de lo que no existe.”
